Hermanos:
La urgencia que nos ha convocado aquí, hoy, es muy similar a la que nos viene instigando desde hace decenas y decenas de años. Ya es tiempo de que nos decidamos a aplacarla, dominarla de una vez para siempre. Los esfuerzos que nos han precedido ciertamente no han sido en vano; han contribuido a que estemos frente a frente destazando la cuestión.
Se trata del desarrollo de nuestra identidad común. Del Espíritu que ronda estas tierras y que nos ha insuflado de vida, así nos rehusemos a escucharlo u otros quieran desprestigiarlo. Es una presencia que habita en la palabra, pero sobretodo en las imágenes de la mente y el corazón. Permítanme aclararles a lo que me refiero antes que me señalen como loca.
